Narrativa KAYRÓS
Narrativa KAYRÓS
“Es más importante saber qué tipo de paciente tiene una enfermedad que qué tipo de enfermedad tiene un paciente”. William Osler
Es muy importante compartir nuestras historias de enfermedad por problemas de salud, saliendo de nuestra soledad cuando ésta es estéril y nos aísla, restándonos recursos ante las amenazas que experimentamos que nos generan sufrimiento. Los seres humanos somos seres sociales que compartimos historias. De ahí la importancia de la narración tanto para enfermos como para cuidadores informales (familiares) o formales (incluidos profesionales de la salud).
Como profesionales de la salud es hora de que no descuidemos el impacto psicológico y emocional de la enfermedad en nuestra atención clínica. Lo refleja bien el libro de 2007 de Tamara McClintock Greenberg, psicóloga de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) sobre “El impacto psicológico de la enfermedad aguda y crónica: una guía práctica para los médicos de atención primaria” (Springer).
Suscribo las palabras de Calvin Chou en uno de los preámbulos del libro que enlazan con una conclusión semejante de Arthur W. Frank vista desde la perspectiva del enfermo:
“Como médico y como educador médico que piensa cómo mejorar la comunicación entre pacientes y [profesionales de la salud], a menudo veo los desafíos comunicativos surgidos de experiencias culturales divergentes. Cada paciente tiene un método único de experimentar, de dar sentido, y de afrontar una enfermedad nueva o crónica. Este enfoque es filtrado necesariamente a través de los contextos sociales y familiares así como por las circunstancias actuales de vida del paciente.
Los médicos también aportan sus contextos sociales y desarrollo psicosocial a sus entornos de práctica clínica.”
La cultura médica imperante, a través de nuestros procesos de formación y de los “curricula ocultos” nos convierte, a menudo brutalmente, en “diagnosticadores y procedimentalistas” y que nos hace ser, tan a menudo “peores comunicadores” y más insensibles de lo que éramos al orientar nuestra vocación hacia la medicina.
“El desafío” sigue Chou, “es conseguir y priorizar la conexión [con la persona], tanto en la educación médica como en la práctica clínica”.
En un segundo preámbulo al libro de Greenberg, Lee Jones, remarca:
“Nuestra educación y los sistemas de salud alientan un enfoque primario tradicional [¡!] en la medicina científica basada en la evidencia. La psicología de la enfermedad es o bien asumida como autoevidente o es arrumbada para el seguimiento de los profesionales de la salud mental. Esto ni es un enfoque realista ni es lo que deseamos la mayoría de nosotros de nuestros médicos.
Como individuos, nadie nos enseña cómo pensar sobre una enfermedad o responder a ella.”
La propia autora, por último, declara el propósito de su libro para “ayudar a los clínicos a comprender tanto las reacciones normativas a la enfermedad como las maladaptativas”. Esto implica considerar los factores emocionales en una enfermedad. Y esto no sólo es ver el papel de los estados de ánimo (como la depresión o la ansiedad) en la exacerbación de ciertas enfermedades, sino en considerar el impacto (psicológico) de afrontar una enfermedad. El famoso “no hay enfermedades sino enfermos”, que tan poco tenemos en cuenta, que incluso habría que precisar en “no hay enfermedades, ni sólo cuerpos enfermos, sino personas enfermas”. De ahí las palabras de William Osler que son frontispicio de esta sección y que, sin embargo, hoy parece que se toman más en serio los psicólogos que los médicos. Como si los médicos ya tuviéramos muchas cosas de las que preocuparnos y los psicólogos estuvieran en su terreno natural. Si así fuera, que no lo es, pues es parte del quehacer clínico, ¿por qué no incluimos más psicólogos en nuestro sistema sanitario (cosa que también debemos hacer)?. Dicho de otro modo, ¡no importa tanto qué profesional atienda esta dimensión tan relevante en la experiencia de enfermedad de cada paciente como que no lo atienda nadie en un sistema tan fragmentario y compartimentalizado como el nuestro!
Todas estas reflexiones apuntan a revisar los fines de la medicina y las expectativas del ejercicio profesional, así como los procesos formativos (ver Filosofía- KAYRÓS). Implica tener en cuenta los procesos adaptativos ante la enfermedad, las expectativas de su tratamiento, la dimensión social que tienen determinados modos de enfermar y la peculiar naturaleza de las enfermedades graves o crónicas. Implica analizar el impacto de la enfermedad en las familias y en los cuidadores.
